Desarme: acuerdos Reagan-Gorbachov

"MES: ENERO"

Del 18 al 20 de enero se llevó a cabo en Estocolmo, Suecia, la III Reunión Cumbre del Grupo de los Seis, que tuvo su origen en el deseo de promover el desarme mundial, creando conciencia sobre la necesidad de destinar al desarrollo económico y social los enormes recursos que absorbe el armamentismo. El sentido de esta reunión fue darle vigencia al Grupo.

Nuestros planteamientos se hicieron en el marco de referencia del tratado para eliminar los misiles de alcance intermedio firmado por Reagan y Gorbachov en Washington, después de siete años de negociaciones, el 8 de diciembre pasado.

El propósito de nuestra reunión fue seguir presionando a favor del desarme, sobre todo ahora que se avanza en ese terreno. La reunión tuvo el éxito relativo que tiene el grupo, y que consiste en representar una fuerza moral. Hay que reconocer que no tenemos influencia en las negociaciones reales. Las cartas que enviamos a las potencias nucleares, en las que asentamos nuestras demandas, son contestadas por la Unión Soviética solamente porque tiene una diplomacia más formal; los Estados Unidos ni siquiera se molestan en contestarnos.

La realidad es que ambas potencias parecen ignorar la presión que hacemos. Una prueba de ello es que nada de lo que hemos dicho o hacemos de manera con- junta aparece en la prensa. México tiene que seguir su política exterior de principios éticos, precisamente porque no tiene la fuerza política necesaria para influir en el proceso de toma de decisiones. El romanticismo de nuestra política exterior prueba que algo nos queda de soberanía.

El concepto de soberanía es ahora relativo y sólo tiene sentido si se está consciente de que el margen de maniobra de cada nación es diferente. La gran dicotomía que vive el mundo actual es que, por un lado, están las leyes y el derecho y, por el otro, la vida real. Pensemos, por ejemplo, cuán relativo y limitado es el cambio de la política exterior en el mundo por el hecho de que haya aparecido la Organización de las Naciones Unidas. Desde luego, ésta ha sido incapaz de evitar las guerras y los conflictos armados.

El acuerdo de Reagan y Gorbachov significa un alivio. Es un aliento para la distensión entre las grandes potencias. Se da, porque forma parte del interés real de ambas naciones. Gorbachov lo tiene que realizar dentro de su esquema de perestroika y de saneamiento económico, y Reagan lo necesita para combatir su fama de belicoso y también porque el armamentismo está pesando ya demasiado sobre la economía norteamericana. De manera que existen intereses reales de parte de ambas naciones que hacen posible prever que se llegará a otro acuerdo a mediados de 1988.

El 2 de febrero desayuné con Henry Kissinger, quien no cree que el acuerdo para eliminar los cohetes de alcance intermedio sea muy importante. Lo considera de maquillaje, pues piensa que la distensión entre las naciones no se va a dar hasta que no se dé una negociación real, esto es, una negociación en el área de los conflictos regionales. Él duda que el tratado en cuestión modifique en algo la realidad.

Kissinger insistió en que ni Gorbachov ni Reagan saben a ciencia cierta lo que implica cumplir este acuerdo, pues no existe una logística viable para verificar su cumplimiento. Esto es así, porque resulta poco probable que en todos los puntos donde pudiera desarrollarse o instalarse este tipo de armamento haya un control de la potencia contraria; por tanto, el cumplimiento de este acuerdo se hará más en función de un interés interno, que por temor a la supervisión del otro.

Cuando planteó esto, yo le pregunté qué significaba, desde su perspectiva, abordar los conflictos regionales. Respondió, sin ningún empacho, que consistía en definir las áreas de influencia y defender y respetar lo acordado. Esto encaja dentro del concepto expresado por él de que el mundo tiende a una situación multipolar en la que todos los países forman parte de algún bloque de poder.

Es claro para Kissinger que tanto los Estados Unidos como la Unión Soviética tienen que ubicar sus posiciones a partir de sus intereses nacionales. Entre los intereses norteamericanos está que los soviéticos respeten América Latina como su área natural de influencia. Por eso sienten y sentirán una irritación permanente por el apoyo soviético a Cuba, Nicaragua y a los grupos guerrilleros latinoamericanos.

 
.:: Miguel de la Madrid Hurtado: Cambio de Rumbo ::.