La situación de la economía mexicana al terminar el segundo año de gobierno

"MES: NOVIEMBRE"

En cumplimiento con lo establecido en los artículos 7 y 27 de la Ley de Planeación, el 18 de noviembre el Ejecutivo envió al Congreso de la Unión el documento "Criterios generales de política económica para la iniciativa de la Ley de Ingresos y el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación para 1985". El 21 de noviembre el secretario de Hacienda y Crédito Público, Jesús Silva Herzog, compareció ante la Cámara de Diputados para exponer la iniciativa de la Ley de Ingresos. Dos días más tarde, el secretario de Programación y Presupuesto, Carlos Salinas de Gortari, hizo lo mismo para presentar el Presupuesto de Egresos de la Federación correspondiente a 1985.


En el documento mencionado, que acompañaba las iniciativas señaladas, se hace un recuento de los resultados obtenidos en el área económica en los dos primeros años de gobierno. Además, se analiza la evolución de la economía durante 1984 y se plantea la estrategia de política económica para el año siguiente.

En el escrito se reitera que la acción fundamental del Gobierno había sido la lucha decidida contra la crisis económica, eliminando así los riesgos que entrañaba no enfrentar la situación en forma inmediata y enérgica. Este esfuerzo se había emprendido buscando distribuir en la forma más equitativa posible los costos infligidos por la crisis, de modo que los más desprotegidos sufrieran lo menos posible.

El balance de la economía, añade el documento, fue positivo en los dos primeros años de Gobierno. Se había logrado mucho, aunque persistían algunos problemas que se debían resolver. Entre los avances más importantes se cuenta la reversión de la tendencia al agravamiento de la crisis, evitando una mayor recesión económica y una situación hiperinflacionaria en un clima de incertidumbre y desconfianza; todo ello dentro de un marco de paz social y preservación de las instituciones.

En el frente económico interno se había avanzado, pues la tasa inflacionaria el déficit fiscal y la caída de la producción y el empleo se habían corregido sustancialmente en 1983, y su avance había proseguido en 1984. Sin embargo, en algunas áreas la mejoría no había sido de la magnitud esperada. En lo que respecta a la inflación, que desde el inicio del gobierno del presidente De la Madrid se definió como el máximo enemigo por vencer, continuó en tendencia a la baja en 1984, aunque a una velocidad menor que la observada el año anterior. Mientras que en abril de 1983 la inflación alcanzó 117% anual, para fines de ese año se redujo a casi 81%, y al terminar 1984 la inflación fue de poco más de 59%. Por lo tanto, en 1984 el proceso inflacionario disminuyó casi 22 puntos porcentuales, en tanto que en el año anterior la reducción había sido de 20 puntos es decir, la inflación en 1984 disminuyó poco más de una cuarta parte en el año. Este resultado contrasta con la experiencia de algunas de las naciones más grandes de América Latina, como Argentina y Brasil, cuya inflación aumentó de 434 a 675 por ciento y de 179 a 195 por ciento, entre 1983 y 1984, respectivamente. Otros países mostraron, al igual que México, reducciones en su tasa inflacionaria y niveles sustancialmente más bajos. Tal es el caso de Chile y Colombia, en donde la inflación durante 1984 fue de 22.2 y 16.4 por ciento, respectivamente.

Una de las razones por las cuales la inflación ha continuado a niveles relativamente elevados es la persistencia de expectativas altas de inflación. Las expectativas inflacionarias, o sea, lo que la gente piensa que va a ser el nivel de inflación en un período futuro, influyen en el comportamiento de los precios porque la gente compra y vende mercancías y servicios de acuerdo con lo que considera que va a ocurrir, y no de acuerdo necesariamente con lo que está ocurriendo.


En 1984 las expectativas inflacionarias fueron alimentadas por la necesidad del Gobierno de aumentar precios y tarifas públicos y precios sujetos a control gubernamental, con el fin de sanear las finanzas de las empresas paraestatales y alentar la producción. El esfuerzo realizado para corregir los rezagos existentes en materia de precios oficiales, que se habían venido arrastrando por varios años a pesar de los aumentos de precios autorizados hasta entonces, se observa en que los precios de los bienes sujetos a control se incrementaron 66.1% en 1984, cifra por encima de la inflación general en casi 7 puntos porcentuales, y 10 puntos superior al alza registrada en los precios de productos no sujetos a control.

Otro factor que influyó para generar mayores expectativas de inflación fue el aumento en el primer trimestre de la cantidad de dinero en circulación, así como el impacto retrasado de los ajustes realizados a precios oficiales y tipo de cambio en 1983. A su vez, la elevación de las tasas de interés internacionales a lo largo del primer semestre del año impidió que las tasas de interés internas pudieran reducirse aún más, lo que reforzó la inercia del proceso inflacionario al mantener altos los costos financieros de las empresas.

Por su parte, la moderación salarial desempeñó un papel fundamental en el proceso de lucha contra la inflación. Este comportamiento del sector obrero evitó que el país entrara en una espiral de aumentos de precios-aumentos de salarios- aumentos de precios, que al final hubiera significado un detrimento generalizado en el bienestar. Por esta razón, así como por la imposibilidad de reducir más la inflación, el poder adquisitivo del salario disminuyó nuevamente durante el año, esta vez a una tasa de entre 7 y 9 por ciento con relación al salario real promedio de 1983. Sin embargo, la disminución fue menor que la registrada el año anterior, 16%, lo que indica un cambio en la tendencia observada en el bienio pasado.

Consciente de este costo que la crisis imponía en el salario, y decidido a atenuarlo en todo lo posible, el Gobierno manejó su presupuesto en el año buscando proteger todo lo posible el consumo popular. Por ejemplo, cuando se autorizó un alza a los precios de las gasolinas en abril, ésta fue moderada; tanto, que no fue suficiente para alcanzar los ingresos de Pemex presupuestados al inicio del año. A raíz de las negociaciones salariales de junio, el Gobierno aceptó suspender los aumentos programados para el segundo semestre en las tarifas eléctricas, telefónicas y del gas. Además, permitió el aumento de precios controlados de algunos productos, pero aun así mantuvo un nivel de subsidios considerable para evitar su encarecimiento mayor. Todas estas medidas de protección inmediata del bienestar social resultaron en fuertes presiones sobre el gasto, tanto porque disminuyeron algunos ingresos programados como porque obligaron a mantener niveles de gasto en los subsidios que se esperaba disminuirían más.

Si bien los resultados en materia de precios eran alentadores, todavía quedaba mucho por hacer, puesto que el poder adquisitivo de los salarios seguía deteriorándose. Por ello, una de las metas de la política económica para 1985, expresada en el documento referido, era precisamente mantener el salario real por lo menos en el nivel observado en diciembre de 1984.

La disminución del bienestar como consecuencia de la reducción de los salarios reales fue compensada en parte por el efecto de la recuperación de la actividad económica y la producción en el volumen de empleo. De acuerdo con cifras todavía preliminares, el producto interno bruto (PIB) creció 3.5% en 1984, cifra muy superior al pronóstico inicial de alrededor de 1%. Este resultado contrasta fuertemente con la recesión del año anterior en que el PIB disminuyó 5.3%, como lo muestra el cuadro 30.

Cuadro 30
Variación anual del producto interno bruto real, 1982, 1983 y 1984
(porcentajes)
 1982 1983p 1984p
PIB total - 0.5 - 5.3 3.5
Agropecuario, silvicultura y pesca - 0.6 2.9 2.4
Minería 9.2 - 2.7 1.6
Industria manufacturera - 2.9 - 7.3 4.7
Construcción - 5.0 - 18.0 3.7
Electricidad 6.6 0.7 7.0
Comercio, restaurantes y hoteles - 1.9 - 10.0 2.7
Transporte, almacenamiento y comunicaciones - 3 8 - 4.8 5.7
Servicios financieros y bienes inmuebles 2.9 2.1 2.5
Servicios comunales, sociales y personales 4.4 0.3 3.3
p. Preliminar.
Fuente: Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática.

Desde finales de 1983 se habían presentado indicios de que el deterioro de la actividad productiva había tocado fondo. En los primeros meses de 1984 empezaron a registrarse síntomas claros de recuperación económica. Los sectores que iniciaron este proceso fueron aquellos capaces de exportar y de sustituir importaciones y las industrias productoras de bienes de consumo inmediato; es decir, sectores que respondieron a la creciente demanda externa alimentada por la recuperación económica de los países desarrollados y por un tipo de cambio atractivo para los exportadores. El sector de bienes de consumo interno no duradero también aumentó su producción, puesto que elabora bienes de primera necesidad y otros de uso generalizado.


Conforme transcurrió el año, la reactivación se fue propagando a otras industrias, sobre todo a la de la construcción y a aquellas productoras de bienes de consumo duradero, como automóviles, de materias primas y de bienes de inversión. En su conjunto, el sector manufacturero creció a una tasa de alrededor de 4.7% durante 1984, que contrasta con la caída de 7.3% observada el año anterior.

A su vez, las industrias minera y eléctrica mostraron un dinamismo desde principios de año y para finales registraron aumentos de 1.6 y 7.0 por ciento respectivamente. El sector agrícola también aumentó 2.4% su producción, debido tanto a factores climatológicos favorables, como a las diversas acciones de impulso al desarrollo rural, particularmente gracias a los aumentos de los precios de garantía y a la persistencia del financiamiento, como se puede ver en los apartados respectivos de esta crónica.

Los aumentos a los precios de garantía, que de octubre de 1982 a octubre de 1984 superaron en casi 17% a la inflación, alentaron la producción agropecuaria y están permitiendo avanzar en el propósito de mejorar ese sector al hacer más equitativa la relación de intercambio entre el campo y la ciudad. Se estima que el aumento en la producción del sector agrícola permitió, en 1984, reducir las importaciones de alimentos en poco más de 30% en comparación con las realizadas en 1983.

La reactivación de la economía durante 1984 fue impulsada particularmente por el dinamismo de las exportaciones no petroleras, las cuales crecieron alrededor de 18.4%; por la recuperación de la inversión privada cuyo dinamismo sobrepasó las espectativas más optimistas, creciendo 8.8% en términos reales; por la reducción del costo del crédito de 91 a 66 por ciento aproximadamente y por el ejercicio oportuno del gasto público.

Como resultado del comportamiento de la producción y de los Programas Regionales de Empleo, el nivel de ocupación creció durante el año. Entre junio de 1983 y junio de 1984, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Empleo Urbano realizada mensualmente por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, las tasas de desocupación abierta en las principales ciudades habían descendido en ese período: en la ciudad de México de 7.2 a 6.3 por ciento; en Guadalajara de 7.6 a 5.5 por ciento' en Monterrey de 10.4 a 7.3 por ciento; en León de 3.6 a 2.9 por ciento; en Puebla de 5.6 a 2.0 por ciento; en San Luis Potosí de 5.4 a 4.7 por ciento, y en Veracruz de 4.7 a 4.2 por ciento. En Mérida se había mantenido el nivel en 6.6% y en Chihuahua, Tampico y Orizaba la tasa de desempleo había aumentado. En términos generales, descontando un desarrollo desigual del empleo según las regiones, el índice de desempleo abierto se mantuvo en una cifra similar a la de 1983, de 8.5%. En la segunda quincena de enero de 1985 el director general del IMSS, Ricardo García Sáinz, dijo que durante el año anterior el número de asegurados permanentes se había incrementado en 495 000, 5.7% respecto al año anterior, de los cuales 400 000 correspondieron a nuevos empleos y los otros a reincorporación de grupos que ya tenían empleo. El rubro de asegurados eventuales creció en el año 6.2%. El sector con mayor aumento en este renglón fue el de la construcción, con 8.9 por ciento.

En relación con los programas gubernamentales para crear empleos con objeto de aminorar los efectos de la crisis económica, el Secretario de Programación y Presupuesto informó el 28 de febrero de 1984 que se estimaba en el año una creación de 800 000 empleos. Según datos dados a conocer el 9 de noviembre por Manuel Aguilera, coordinador Regional de Empleo, en total se habían creado en el año 517 000 plazas de trabajo. La diferencia con la cifra prevista, explicó, se debió a fallas de ejecución. Por ejemplo, en muchos municipios no hubo capacidad ejecutiva para llevar a cabo obras propuestas para las cuales se tenían recursos disponibles. Además, se mantuvo la contracción de la inversión privada. Sin embargo, dijo también el funcionario, el crecimiento del desempleo se había detenido y a partir de 1985 los programas de empleo se orientarían más a la creación de plazas de trabajo permanentes.


Uno de los elementos más importantes del Programa de Ajuste Económico es el saneamiento de las finanzas públicas, tanto para lograr un financiamiento no inflacionario del gasto como por la necesidad de reducir la carga del servicio de la deuda. El desequilibrio de las finanzas públicas alcanzó su máximo nivel en 1982, cuando el déficit económico del sector público fue de 16.8% del PIB. El esfuerzo realizado en este sentido durante 1983 permitió reducirlo a sólo 8.5% y en 1984 se estima, en forma preliminar, a 6.0%. El déficit económico no incluye el endeudamiento derivado de la intermediación financiera realizado por la banca nacionalizada y la de fomento para apoyar la reactivación de los sectores privado y social, y por tanto no constituye financiamiento al sector público. Si bien el resultado fue más espectacular en 1983, la reducción del déficit económico gubernamental en 2.5 puntos porcentuales del PIB, de 8.5 a 6.0 por ciento, muestra que el esfuerzo de saneamiento financiero continuó durante 1984, aunque a un ritmo menor. A ello también contribuyó la recuperación de la economía, que fue mayor de lo previsto.

El resultado en este año tenía que ser menos impresionante que en años anteriores. En primer lugar, porque el gasto público trae una fuerte inercia, pues en parte está destinado al pago de la burocracia y en parte, también, a los pagos de la deuda externa que en 1984 absorbieron una tercera parte del gasto total y se vieron afectados por alzas en las tasas de interés internacionales. En segundo lugar, fue posible disminuir el déficit económico de 16.8 a 8.5 por ciento entre 1982 y 1983 sin afectar significativamente programas prioritarios o de gran importancia social, por la fuerte disminución de la demanda provocada por la crisis mediante la reducción de los salarios reales dé los empleados públicos y recortando gastos innecesarios. Después de esta reducción, las decisiones de recorte presupuestal podían afectar significativamente los programas de política social, lo que el Gobierno estaba determinado a impedir, para así evitar mayores estragos en el bienestar de la sociedad. Por otro lado, el gasto social no sólo se mantuvo en la prestación de servicios, sino que mediante los programas de empleo logró impedir que el desempleo creciera respecto del nivel registrado en 1983. Además, el Gobierno llevó a cabo, a pesar de que implicó mayores gastos o menores ingresos, programas de protección al consumo para evitar disminuciones mayores del ingreso real popular. Dada la normatividad contable en vigor y las características del proceso mismo de generación, registro y pago de gasto, una porción del que se incurre cada año se paga en los primeros meses del siguiente. Así en 1984 se transfirió a 1985 el pago de diversos gastos e intereses devengados aún sin liquidar por un monto mayor al observado el año anterior. Lo que se busca es mantener este concepto sin variación en términos reales año con año y en lo posible disminuirlo, como se ha planteado para 1985.

Por su parte, los ingresos públicos como proporción del producto disminuyeron 1.4%, tanto por la reducción de los ingresos externos de Pemex como por la rigidez de la estructura tributaria, que en 1984 subrayó los aspectos cualitativos más que los cuantitativos.

El gasto total del sector público como proporción del producto disminuyó 3.9 puntos porcentuales debido al alto costo financiero de la deuda pública y a la continuación de los programas sociales prioritarios con el fin de aminorar lo más posible la carga de la crisis en las clases mayoritarias de la población. Fundamentalmente, el alza de las tasas de interés externas, que impidió disminuir suficientemente las internas, provocó que el costo financiero de la deuda aumentara alrededor de 407 000 millones de pesos respecto a lo presupuestado originalmente. Además, con el propósito de mantener y aun expandir los servicios sociales fundamentales, se realizaron gastos mayores que los presupuestados por concepto de transferencias de recursos al consumo popular, participaciones federales a los estados y otros tipos de gasto. Por ello, y para evitar que el gasto público total aumentara en exceso, fue necesario reducir el de inversión en aproximadamente 390 000 millones de pesos.

El gasto programable del gobierno federal fue menor a la asignación original en 15%. Dentro de este concepto destaca que el gasto corriente fue 13% menor al programado. De acuerdo con cifras preliminares mostradas en el cuadro 31, el déficit financiero del sector público, incluyendo la reserva presupuestal de 277 000 millones de pesos aprobada al inicio del año, significó un exceso de 16.8% respecto del programa original. Esto se debió principalmente al déficit de las empresas paraestatales controladas presupuestalmente, con excepción de Pemex, cuyo déficit se excedió en 102.5% respecto del programa. Las entidades paraestatales no sujetas a control presupuestal excedieron su déficit en 38.9% respecto del programa original. El déficit por intermediación financiera fue mayor en 99.5% que la cifra presupuestada originalmente y alcanzó un monto de 399 000 millones de pesos.


Cuadro 31
Déficit del sector público
(Miles de millones de pesos)
 Programa
original 1984
EjercicioIncremento
porcentual
1984/1983
Desviación respecto al
programa 1984
19831984p
Déficit presupuestal
Gobierno federal
Organismos y empresas
controlados presupues-
talmente
Pemex
Resto
Organismos y empresas
no controlados presu-
puestalmente
Déficit económico
Intermediación financiera
Déficit financiero
1 444.8*
1 767.7*
 
 
(320.9)
(453.4)
132.50
 
 
156.2
1 601.0
200.0
1 801.0
1 297.4
1 418.1
 
 
(120.7)
(328.4)
207.7
 
 
152.7
1 450.1
70.1
1 520.2
1 486.9
1 722.2
 
 
(235.3)
(503.7)a
268.4
 
 
217.1
1 704.0a
399.0
2 103.0a
14.6
21.4
 
 
94.9
53.4
29.2
 
 
42.2
17.5
469.2
38.3
2.9
–2.4
 
 
–26.7
11.1
102.5
 
 
38.9
6.4
99.5
16.8
* Incluye la reserva presupuestal. Las cifras entre paréntesis indican superávit.
p. Cifras preliminares.
a. Incluyen 64.2 mil millones de pesos de ingresos de Pemex por revalorización de saldos en moneda extranjera.
Fuente: Secretarías de Hacienda y Crédito Público y de Programación y Presupuesto.

El avance en la reducción de los desequilibrios en las finanzas públicas se ve reflejado en los aumentos del ahorro público, con el cual se financia una proporción cada vez mayor de la inversión. De una situación de desahorro, o ahorro negativo, de 405 000 millones de pesos en 1982, el sector público pasó, dos años más tarde, a generar ahorro por 864 000 millones de pesos.

Así, el saneamiento de las finanzas públicas continuó en 1984, pero con mayores dificultades que el año anterior.

En 1984 se avanzó en la recuperación del ahorro; el saldo de captación de ahorro por medio del sistema bancario tuvo un incremento real de 5% respecto al registrado en diciembre de 1983. Por su parte, la recuperación de la actividad económica y la reducción de las tasas de interés internas provocaron un flujo mayor de crédito, el cual alcanzó un crecimiento real de 41% respecto al año anterior.

Las transacciones con el exterior mostraron en 1984 un comportamiento favorable, similar al de 1983, con algunas variantes. La balanza comercial arrojó un saldo superavitario de 12 799 millones de dólares, que significa una variación de 6.3% respecto de 1983, según se puede ver en el cuadro 32. Este resultado se obtuvo principalmente por el aumento de las exportaciones no petroleras, que fue de 18.4%, lo que contribuyó a conformar una estructura más diversificada del comercio exterior. De 1982 a 1984 la participación del petróleo crudo en las exportaciones totales de mercancías se redujo casi 9 puntos porcentuales. A diferencia de lo ocurrido en 1983, cuando el ajuste del sector externo se daba básicamente por la reducción de las importaciones, en 1984 las exportaciones no petroleras fueron muy dinámicas y encabezaron el proceso de ajuste del comercio exterior. Cabe destacar que el crecimiento de estas exportaciones se presentó principalmente en el primer semestre y a partir de entonces se revirtió la tendencia. Este comportamiento se explica por la pérdida de competitividad de los productos de exportación, al disminuir el margen de subvaluación del tipo de cambio, y por la desaparición de excedentes exportables al iniciarse la recuperación económica interna. Con objeto de mantener el tipo de cambio suficientemente competitivo, el Banco de México aumentó el ritmo de su deslizamiento de 13 a 17 centavos diarios a partir del 7 de diciembre de 1984. Por su lado, las importaciones mostraron una fuerte recuperación, pues aumentaron 30% en el año, sobre todo aquellas de materias primas, las cuales contribuyeron con alrededor de dos tercios de las importaciones totales. En particular, las importaciones que el sector privado hace de este tipo de bienes se incrementaron alrededor de 55% en el año. Estos resultados muestran la disponibilidad de divisas en la economía y que el país se encuentra en un proceso de reactivación económica.

Cuadro 32
Balanza de pagos de México
(Millones de dólares)
1982 1983 1984p
Cuenta corriente - 4 878.5 5 545.7 3 967.4
 Balanza de mercancías 6 792.7 13 654.3 12 799.3
 Balanza de turismo 618.2 1 183.2 1 307.1
 Balanza de servicios y pagos de intereses y regalías - 12 289.4 - 9 291.8 - 10 217.6
Cuenta de capital 8 573.9 - 852.8 - 1 576.0
Errores y omisiones - 8 361.6 - 1 432.3 - 150.7
Variación de la reserva del Banco de México - 4 666.2 3 260.6 2 240.7
p. Preliminar
Fuente: Banco de México.

La balanza de turismo registró un superávit de 1 307.1 millones de dólares, que representó un incremento de 14.2% respecto a igual lapso de 1983. Sin embargo, los egresos por turismo presentaron un elevado dinamismo, en tanto que los ingresos se desaceleraron por la reducción del margen de subvaluación del peso y por la consecuente pérdida de competitividad.

Los ingresos por servicios de transformación en la franja fronteriza norte ascendieron hasta noviembre de 1984 a 1 052.9 millones de dólares, lo que representó un incremento de 10.5% respecto de 1983. Esto significa que el país sigue siendo competitivo en esta rama, por el menor costo de la mano de obra y de diversos insumos en relación con los prevalecientes en Estados Unidos.

Por concepto de intereses de la deuda externa, tanto pública como privada, se pagaron hasta septiembre 8 681.6 millones de dólares, cifra 15.4% superior a la observada en el mismo lapso del año anterior. Este aumento fue consecuencia de las alzas en las tasas de interés externas ocurridas entre marzo y septiembre. Al igual que la mayoría de los países deudores de América Latina, México continuó siendo, por tercer año consecutivo, exportador neto de capitales. Sin embargo, cabe destacar que debido a que el país ha contratado cantidades reducidas de deuda pública externa en los últimos años, el monto de la misma ha disminuido como porcentaje del PIB de 41.3% en 1982 a 36.2% en 1984. Por otra parte, la reestructuración de la deuda externa efectuada en los últimos años, al alargar los plazos de vencimiento por un período mayor, permitiría disponer de más recursos para llevar a cabo los diversos programas y proyectos y fortalecer el desarrollo económico del país.

Así, la situación de la economía mexicana al finalizar el segundo año de gobierno se caracterizaba por una recuperación de la actividad económica y del empleo. La inflación se encontraba una cuarta parte por debajo del nivel observado un año antes y se esperaba que la tendencia a la baja continuara durante 1985. No obstante, el esfuerzo necesario para lograrlo tendría que ser cada vez mayor. Aun cuando las finanzas públicas habían mostrado cierta mejoría en el año, todavía se requería llevar a cabo cambios estructurales que permitieran márgenes de maniobra más amplios. Si bien se habían eliminado algunos proyectos no prioritarios, hasta ahora el recorte del gasto público había sido relativamente indiscriminado. Así se requeriría instrumentar más a fondo lo planteado en el Plan Nacional de Desarrollo en relación con la reestructuración de la industria paraestatal y con el aumento en la eficiencia del sector público en general.

La reducción del poder adquisitivo de los salarios por tercer año consecutivo exigía un esfuerzo todavía mayor para abatir la inflación y proveer los satisfactores necesarios a precios accesibles. Aun cuando se había logrado mantener la tasa de desempleo abierto al mismo nivel que en 1982, era demasiado alta. Por ello se requería generar el suficiente número de empleos nuevos, tanto para absorber a los nuevos miembros de la fuerza de trabajo como para ocupar a los desempleados.

El sector externo de la economía mostró un fuerte dinamismo durante 1984. Sin embargo, para continuar ese proceso era necesario eliminar el sesgo antiexportador del aparato productivo nacional, que es resultado de una estructura arancelaria altamente proteccionista, la cual inhibe la permanencia de niveles elevados de exportaciones no petroleras. Asimismo, se requería mantener el tipo de cambio acorde con la situación económica del país y con la del exterior, de tal forma que propiciara la exportación. Por otra parte, la debilidad del mercado petrolero internacional amenazaba la viabilidad de la política económica para 1985, por la importancia que tienen las ventas externas del crudo para la economía nacional.

A pesar de las dificultades que todavía se percibían en México al final de 1984, muchas otras naciones de América Latina se encontraban en una situación más difícil. El desempleo urbano aumentaba en países como Colombia, Brasil y Venezuela; el producto de la región había crecido 2.6% en 1984 y sólo 0.2% en términos per cápita. El sector externo de varios países no se había recuperado todavía, como en los casos de Argentina, Colombia y Chile, y las tensiones sociales se habían agudizado en varias naciones del continente. México había logrado controlar los factores más agudos de la crisis económica y, a pesar de que quedaba mucho por hacer en lo relativo a los cambios estructurales propuestos, el panorama para 1985 se veía más alentador. El reto era consolidar la recuperación económica, mantener el nivel del poder adquisitivo del salario y, al mismo tiempo, abatir la inflación.


 
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