Especulación en el mercado cambiario

"MES: NOVIEMBRE"

El 5 de noviembre el Banco de México emitió un comunicado oficial mediante el cual se establecieron disposiciones tendientes a frenar la especulación que se había desatado en torno a la compra y venta de dólares.

A mediados de octubre las tendencias normalizadoras de la paridad del tipo de cambio del llamado dólar "superlibre" con el peso se habían disipado (ver el apartado sobre las nuevas medidas de reordenación económica en el mes de julio). Al finalizar la segunda semana de octubre la cotización del dólar libre en el mercado de la ciudad de México cerró con un alza de 30 pesos en relación con la semana anterior, quedando así la paridad a 399 pesos la venta y 392 la compra del dólar.

En las siguientes dos semanas la cotización tendió al alza, debido a un repentino aumento de la demanda de la divisa norteamericana, llegando a cotizarse el dólar a 472 y 466 pesos compra y venta, respectivamente, en ese lapso. Este fenómeno provocó una serie de reacciones. Algunos sectores empresariales señalaron que la especulación que se había desatado en el mercado cambiario era producto de la incertidumbre del público en torno al futuro económico del país. A su vez, los partidos opositores de izquierda demandaron el establecimiento de un severo control de cambios, ya que el prevaleciente era burlado impunemente.

Por otro lado, el 24 de octubre se llevó a cabo una reunión del Comité Técnico del Control de Cambios, en la que participaron el secretario de Hacienda y Crédito Público (SHCP), Jesús Silva Herzog, y el director del Banco de México, Miguel Mancera Aguayo. En esa reunión se acordó afinar los mecanismos para contrarrestar prácticas ilícitas en materia cambiaria, principalmente la subfacturación de exportaciones y la sobrefacturación de las importaciones.

Al finalizar octubre, analistas financieros señalaron que las presiones especulativas que elevaron el precio del dólar obedecían a la transferencia de recursos de certificados de tesorería (Cetes) a la compra de dólares. Explicaron que esa transferencia era consecuencia de la reciente reducción en las tasas de interés que los cetes ofrecían, por lo que algunos inversionistas habrían preferido buscar un rendimiento mayor en la divisa norteamericana que en otro tipo de activos financieros.

El 2 de noviembre, siendo esa la causa de fondo que explicaría ese repentino aumento en la demanda de dólares, el gobierno federal restringió la venta de dólares al anunciar que los bancos y las casas de cambio estaban autorizados a vender únicamente hasta 1 000 dólares por persona en cheques de viajero, y sólo 1 000 dólares en billetes a viajeros al extranjero. Aparentemente, esta medida ocasionó que se incrementaran las operaciones en el mercado negro, en el que se cotizó la divisa en alrededor de 550 pesos.


Finalmente, el 5 de noviembre el Banco de México prohibió a los bancos extranjeros que operan en territorio nacional transferir dólares al exterior a partir de depósitos en pesos mexicanos, pues estas instituciones participaban en el mercado de compraventa de pesos en el extranjero. De esta forma, los dólares que se cambiaban por los pesos podían no ingresar al país y ser una forma de fuga de capitales. Las autoridades agregaron que estas transacciones con divisas se limitarían únicamente a instituciones autorizadas, para impedir la triangulación bancaria, la especulación con el peso, la evasión del control de cambios y la consecuente fuga de capitales.

Algunos analistas financieros alabaron la medida, pues contribuía a frenar la salida de capitales, pero afirmaron que no la detendría, ya que ese tipo de operaciones también lo llevaban a cabo extraoficialmente corredores de divisas, por lo que no eran controlables.

En ese contexto el dólar libre se cotizó en algunas casas de cambio de la capital a 510 pesos la venta, en tanto que en el aeropuerto internacional de la ciudad de México llegó a 492 pesos y en Reynosa, Tamaulipas, ascendió a 505 pesos.

El sector empresarial consideró que si bien las disposiciones eran adecuadas para obstaculizar y frenar la demanda de la divisa estadunidense, no resolverían el problema de fondo, que a su parecer era la incertidumbre. Algunos partidos de oposición coincidieron en que la disposición era acertada aunque tardía y otros más demandaron que el Estado asumiera el control generalizado de cambios y que fueran cerradas las casas de cambio.

El 13 de noviembre el Presidente de la República envió un informe al Congreso de la Unión acerca de las acciones emprendidas en 1985 en materia de control de cambios. En él se señalaba que el Comité Técnico del Control de Cambios investigaría las maniobras para sacar subrepticiamente divisas del país y aplicaría a los responsables severas sanciones, que incluían la consignación ante la Procuraduría General de la República.

A los pocos días, la tendencia al alza se frenó y para el 15 de noviembre el dólar no había sufrido variación en su paridad con el peso en las casas de cambio; cuatro días después la divisa norteamericana se cotizaba a 499 pesos a la venta, lo que significó una depreciación de casi 40% con respecto al tipo de cambio prevaleciente en septiembre.

 
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