Tendencias en el ámbito cultural

"MES: MAYO"


El 4 de mayo, a un costado de la Catedral metropolitana, frente al Templo Mayor, el presidente Miguel de la Madrid, acompañado de los titulares de las secretarías de Educación Pública y de Relaciones Exteriores, así como del Jefe del Departamento del Distrito Federal develó la placa en que se designaba al Centro Histórico de la Ciudad de México como Patrimonio Cultural de la Humanidad por parte de la UNESCO.

El centro de la ciudad de México, que alberga innumerables construcciones de la época colonial y en el que aún existen las edificaciones que vieron nacer la primera imprenta y la primera universidad de todo el continente americano, cobró aún mayor valor en los años recientes, a raíz del inesperado descubrimiento de la monumental representación de la Coyolxauhqui -diosa de los mexicas- durante las obras de construcción realizadas en el lado nororiente de la Plaza de la Constitución. Los intensos trabajos de excavación que siguieron a este hallazgo inicial hicieron surgir a la luz del día el Templo Mayor, lugar sagrado en el cual los mexicas veneraban a Huitzilopochtli y a Tláloc, de cuya existencia ya se sabía por las descripciones de los antiguos cronistas, pero cuya ubicación había permanecido desconocida. La fortuita identificación de la plataforma y los adoratorios que integraban el Templo Mayor, debajo de construcciones que los habían ocultado durante siglos, devolvió a los mexicanos una parte palpable y elocuente de su historia, "una visión de grandeza al mismo tiempo delicada, espiritual y terrible", como la describiera Miguel González Avelar, titular de la SEP, al inaugurar el Museo del Templo Mayor, el 12 de octubre de 1987.

El asombro de la sociedad mexicana ante estos testimonios de su pasado fue compartido por la comunidad internacional; en diciembre de 1987, la UNESCO dictaminó que el Centro Histórico de la Ciudad de México debía ser declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad lo cual implicaba que tenía que ser protegido, respetado y valorado no sólo en nuestro país sino en todo el mundo, al igual que se hacía con otros sitios legendarios corno la Acrópolis de Atenas, la Gran Muralla China, el Taj Mahal de la India, la ciudad de Jerusalem o las ruinas de Machu Picchu en Perú.

La integración del Templo Mayor a la vida cotidiana de la ciudad de México fue tan sólo una expresión del activo rencuentro de los mexicanos con su identidad, situación que caracterizó muchos ámbitos de la vida cultural del país durante los últimos años. La exploración y la revaloración del pasado, así como la continua experimentación con nuevas formas de ser, de actuar y de manifestarse como mexicanos, ocupó un lugar de primer orden en la agenda cultural de la población. Es indudable que la creación artística, el estudio del pasado y la expresión popular siempre constituyen un lazo de unión vital para una sociedad; es ahí donde se mezclan las emociones, los valores y los elementos que comparten todos sus miembros y que permiten a un pueblo tener un sentimiento de identidad, que lo ubica en el espacio y en el tiempo y le habla de su carácter nacional. Sin embargo, la intensidad con la que se vivió este proceso en el pasado reciente de México fue mucho mayor que la que se recordaba de épocas anteriores, lo que propició un verdadero auge de las actividades intelectuales, artísticas y culturales del país.

Esta efervescencia se debió, indudablemente, al sacudimiento que la crisis provocó en la conciencia de los mexicanos. Al asimilar la magnitud del derroche que se había padecido en el pasado, y al reconocer su pobreza en vez de la riqueza que había sido pronosticada, la población se sintió impulsada a desenmascarar muchos otros aspectos particulares y a redescubrir su verdadera identidad. Por otro lado este período histórico coincidió con una época en la cual la sociedad mexicana ya era predominantemente letrada y urbana; no sólo tenía mayores posibilidades de crear algo nuevo cada día, sino también necesidades más complejas, y tiempo libre para diversificar su vida y desarrollar nuevos intereses. Finalmente, la política gubernamental adoptada durante el gobierno de Miguel de la Madrid en el ámbito cultural permitió que toda esta energía fluyera libremente y que se expresaran todas las manifestaciones culturales, entendiendo, sin embargo, que su participación era indispensable en su rectoría, promoción y difusión.

En el área cultural se enfrentaron los mismos problemas económicos que en otros ámbitos de la administración pública a consecuencia de la crisis. Al cabo de seis años, la Subsecretaría de Cultura de la SEP vio reducido su presupuesto a menos de la mitad, y muchas instituciones que ofrecían actividades culturales y artísticas debían destinar 90% de sus recursos tan sólo al pago de salarios y prestaciones a sus trabajadores, quienes siempre habían tenido ingresos reducidos. Ante este panorama, fue imposible mantener el ritmo de invitaciones a artistas y conjuntos extranjeros que se había observado en años anteriores. Sin embargo, -más que en muchas otras- en esta rama se vio que era posible hacer más con menos, supliendo la falta de recursos con imaginación, con una mayor iniciativa y colaboración de las instituciones encargadas de fomentar y de promover la creación artística, y con una mayor participación de la comunidad artística mexicana. Durante este período, la diversidad de espectáculos que se ofrecieron fue impresionante: teatro comercial experimental, infantil, de revista, comedias, sátiras políticas; conferencias; charlas; exposiciones permanentes o temporales de artistas plásticos mexicanos o extranjeros, clásicos o contemporáneos; conciertos de música orquestal de cámara, de solistas o de cantantes del momento; sin olvidar la amplísima cartelera cinematográfica y los numerosos cineclubes que atendían a un público más especializado.

El principal organismo gubernamental encargado de la promoción y divulgación artística, el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), organizó 4 263 funciones o actividades a lo largo de 1987, un 53% más de las que hubo en 1983. Estos esfuerzos se vieron ampliamente correspondidos con la asistencia del público.

Según los registros del propio INBA, el público de los actos que organizó se duplicó entre 1983 y 1988. En este último año hubo 1.6 millones de visitantes a museos, mientras que en 1983 fue un millón; en 1988 hubo 728 000 espectadores de obras de teatro, contra 445 484 en 1983; en espectáculos musicales, la proporción fue de 220 800 contra 120 195. A estas cifras se deben agregar los trabajos de difusión cultural llevados a cabo por muchas otras dependencias, como las universidades, los gobiernos estatales y municipales, y los organismos privados.

Algunas de las actividades culturales que tuvieron mayor relieve en estos años contribuyeron a la confrontación o al encuentro de los mexicanos con sus propios valores, su historia y su creatividad. Una de ellas, -de la cual ya se hizo referencia- fue la inauguración del Museo del Templo Mayor, que constituyó, indudablemente, el proyecto más ambicioso en materia museográfica en el sexenio. La Sedue, asesorada por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, construyó un moderno edificio en la propia zona arqueológica del Templo Mayor, cuya fachada neutral, construida con piedra, vidrio y elementos muy familiares a los mexicanos como el tezontle, la laja, el petatillo y los aplanados combina con el centro prehispánico. La estructura interior del edificio evoca la cosmovisión mexica asociada a la zona arqueológica: un enorme espacio, en cuyo centro se encuentra una maqueta que supone la arquitectura de Tenochtitlán, divide las cuatro salas orientadas al norte de aquellas orientadas al sur. Las primeras, al igual que en el Templo Mayor, recuerdan los temas relacionados con Tláloc, dios del agua, la fertilidad y la vida. Las salas del lado opuesto se relacionan con Huitzilopochtli, dios de la guerra y la muerte.


Concierto del grupo de rock Tri, en la Arena México, 5 de septiembre de 1987

Al gobierno de Miguel de la Madrid le preocupó en forma especial cuidar y mostrar dignamente el patrimonio de nuestra herencia cultural. En este sentido, entre 1983 y 1987 se abrieron 85 nuevos museos que, sumados a los 265 que ya existían, dieron un total de 350 espacios museográficos, de los cuales la cuarta parte se inauguró durante el sexenio de Miguel de la Madrid. En apoyo a la descentralización, la mayoría de los nuevos museos se ubicaron en ciudades del interior de la República. Su temática era diversa: historia, arqueología, arte, cultura; también existía la especialización como en el caso del Museo de la Estampa de la ciudad de México, dedicado a la enorme creación de artes gráficas que había en nuestro país. Entre los museos de tipo arqueológico se dio importancia a los llamados museos de sitio, que preservan las colecciones en su lugar de origen y las presentan en el contexto de la zona. En este período se crearon seis nuevos museos de este tipo en Tabasco, Tlaxcala, Oaxaca y Yucatán.

En 1988, el país contaba con una amplia experiencia para poner en marcha un sistema nacional de museos, y existía ya un proyecto de ley al respecto, que definía la responsabilidad del gobierno federal, las autoridades estatales y municipales y la comunidad para la preservación y el mejoramiento de estos recintos de arte. Se esperaba que con la aplicación del mencionado reglamento también mejoraría el nivel de seguridad de los museos, para evitar casos tan lamentables como el robo efectuado al Museo Nacional de Antropología, en diciembre de 1985, en el que se sustrajeron piezas de valor incalculable y que hasta 1988 no se había podido aclarar. (Véase el apartado "Robo en el Museo Nacional de Antropología", en el cuarto volumen de esta serie.)

Por otro lado, la labor de preservación del patrimonio cultural abarcó muchas otras actividades, tales como la expedición de 74 decretos para la protección legal a zonas y monumentos históricos, artísticos y arqueológicos -de los cuales antes sólo había 11; la catalogación de 1 100 inmuebles en el DF y Veracruz, y la restauración de 1 067 metros cuadrados de murales ubicados en diversos edificios, así como de 646 piezas artísticas del acervo del INBA.

Además del Centro Histórico de la Ciudad de México, el Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO inscribió, entre 1987 y 1988, un total de nueve lugares de nuestro país en el Patrimonio Cultural de la Humanidad: la región lacustre de Xochimilco, también en la ciudad de México; las zonas de monumentos históricos en las ciudades de Oaxaca y de Puebla; la zona arqueológica de Monte Albán, en Oaxaca; el parque nacional de Palenque, Chiapas; la ciudad prehispánica de Chichén Itzá, en Yucatán; la zona de monumentos históricos y minas adyacentes de Guanajuato; así como la reserva de la biosfera de Sian-Ka'an en Quintana Roo, cuya belleza y riqueza natural la convierten en un lugar único en el mundo y Teotihuacán.

En las artes plásticas hubo significativos y prolongados festejos en torno a artistas que eran ya verdaderos símbolos de la cultura nacional. El primero fue el centenario del natalicio de Diego Rivera, en 1986, que se conmemoró con una magnífica exposición retrospectiva de la obra del autor en el Palacio de Bellas Artes. Después de minuciosos preparativos, se presentó el mayor número de obras del afamado pintor reunido hasta entonces, y una infinidad de espectadores se deleitaron con su arte día tras día. La afluencia del público fue tan grande que la temporada de la exposición se prolongó durante varias semanas. Por otro lado algunas muestras del arte de Rivera recorrieron el país con una exposición itinerante y una de dibujos; también se inauguró una bienal del pintor y un museo en su honor, el Estudio Diego Rivera, así como un museo dedicado a su mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central. Críticos de arte y artistas homenajearon al gran maestro mediante mesas redondas, conferencias y exposiciones; asimismo se editaron lujosos libros y catálogos sobre su obra y su vida.

En 1987 tocó el turno a Rufino Tamayo, otra de las grandes figuras de la pintura mexicana, quien cumplió 70 años de vigorosa vida artística. Para celebrarlo, se hicieron dos exposiciones retrospectivas en museos del INBA, se estrenó una coreografía y una pieza musical inspiradas en la obra del pintor y se editaron cuatro libros en su honor. Además, a principios de este sexenio se inauguró el Museo Rufino Tamayo, en el área del bosque de Chapultepec de la ciudad de México, uno de los espacios museográficos más bellos, interesantes y versátiles que existen en el país. Este museo fue auspiciado por el propio artista y la Fundación Cultural Televisa, compañía que estuvo a cargo, inicialmente, de su administración y la cual aprovechó su enorme red de televisión para convertir al Museo Tamayo en "el centro cultural más promovido de México y América Latina". Sin embargo, al poco tiempo de su inauguración comenzaron a surgir serias desavenencias entre los directivos de Televisa y el polémico pintor, quien acusaba a los primeros de violar los acuerdos al dejar de exhibir alrededor de 300 valiosos cuadros donados por el propio artista, con un valor de millones de dólares -entre ellos algunos de Picasso, Miró y Bacon-, para convertirlos virtualmente en su propiedad privada. Los ánimos de la comunidad artística se calmaron cuando se decidió donar el museo, sus instalaciones y la colección del pintor a la SEP, la cual se hizo cargo del proyecto a partir de septiembre de 1986. En diciembre de 1987, el museo cerró sus puertas durante unos días, a fin de que un grupo de especialistas asesorados por la crítica de arte Raquel Tibol, el propio pintor y su esposa Olga prepararan la exposición más grande que se hubiera hecho en México sobre la labor del artista, con más de 600 obras entre dibujos, pinturas, gráficas, murales y esculturas provenientes, en su mayoría, de coleccionistas nacionales.

El arte mexicano era ampliamente apreciado en todo el mundo y durante el gobierno de Miguel de la Madrid su presencia universal se acentúo por medio de varias exposiciones que recorrieron museos de Estados Unidos, Europa y el Lejano Oriente. Una notable colección de obras de Diego Rivera se presentó en Detroit, Filadelfia, Madrid y Londres. Hubo una exposición de Siqueiros en Los Angeles, otra de Rufino Tamayo en Madrid y una de arte azteca que fue vista en Washington, Canadá y diversas ciudades del viejo continente. También se realizó una extraordinaria muestra de arte contemporáneo mexicano en Frankfort, Dallas y en Viena, y otra de arte prehispánico en Bruselas, Atenas y Japón.


"Atracciones Fénix", ópera-teatro del grupo Divas

En el terreno musical también se llevaron a cabo varios homenajes a compositores mexicanos. En febrero de 1988 se conmemoró el 40 aniversario del fallecimiento de Manuel M. Ponce, iniciador del nacionalismo musical mexicano. Durante tres meses, el público de la ciudad de México pudo acudir semana a semana a la sala Ollin Yoliztli, en donde se ejecutó la obra del maestro, de la cual se pudieron escuchar sus composiciones más conocidas: el Segundo Intermezzo, la Metamorfosis de Concierto con el tema de Estrellita y Cuatro Danzas mexicanas. Un año antes se habían realizado varios homenajes a Alicia Urreta y a Rodolfo Halffter, compositores que fallecieron durante 1987. En forma permanente se trató de dar a conocer la obra de músicos mexicanos y de fomentar en el público el gusto y el amor por este género. Durante los últimos seis años se presentó un cúmulo de obras de autores nacionales, entre "Atracciones Fénix", ópera-teatro del grupo Divas los que destacaron Silvestre Revueltas, Alicia Urreta y Guty Cárdenas. Entre las nuevas generaciones de compositores destacó Mario Lavista, autor de la ópera Aura- basada en la novela del mismo nombre de Carlos Fuentes -y quien se hizo acreedor a la codiciada beca Guggenheim en 1987, lo que le permitió dedicarse a perfeccionar sus conocimientos en el extranjero durante un año.

En la danza se continuó la búsqueda de técnicas que hicieran trabajar el cuerpo y el movimiento del bailarín de manera más adecuada a la complexión y los rasgos del mexicano. Ya hacía tiempo se había roto con las normas estrictas del ballet clásico; el baile moderno, con sus característica creatividad e imaginación, era la forma dancística más difundida en México. Entre los numerosos conjuntos que se dedicaron a la búsqueda de este carácter propio, destacaron el de Gloria Contreras, de la UNAM, o el Ballet Teatro del Espacio, grupos que eran reconocidos no sólo en México, sino internacionalmente.

En el teatro se vivió un verdadero florecimiento del género. Si bien durante algunos años la cartelera teatral había sido muy reducida y se caracterizaba por adaptaciones de obras extranjeras, algunos clásicos de la escena, comedias de amplia aceptación y vodeviles, para 1988 la producción teatral era mucho más diversificada y ocupaba todos los locales disponibles o adaptables para montar un espectáculo: teatros, foros, cafés, plazas o patios en edificios coloniales. Directores de escena como Héctor Mendaz, Luis de Tavira, Héctor Azar o Miguel Sabido maduraron enormemente sus propuestas escénicas, sorprendiendo al público con espectáculos innovadores y de calidad. Destacados representantes de la nueva dramaturgia mexicana vieron varias de sus obras en escena, como Hugo Hiriart, Emilio Carballido y Juan Tovar. Diariamente se ofrecían innumerables espectáculos en los cuales predominaba la creatividad de autores mexicanos como Elena Poniatowska, Luis G. Basurto o Elena Garro. Hubo notables muestras del género experimental, como De la calle o Una pareja abierta muy abierta, obras estrenadas en 1987. También abundó la puesta en escena de piezas educativas, infantiles y juveniles. La sátira política estuvo presente en propuestas como Tapadeus, de Germán Dehesa. Así, mediante el teatro, se llevó a cabo en estos años una muy intensa y multifacética confrontación del mexicano consigomismo, al verse representado, dramatizado o caricaturizado, o al penetrar en las visiones del mundo de otros mexicanos.

Esta tendencia también se dio de manera muy destacada en el ámbito literario. Obras que presentaban visiones críticas de la problemática actual del país se vendían como pan caliente en estos años. Aunque también hubo un desarrollo importante de las letras mexicanas en la poesía, la novela o el cuento, fue especialmente notable el interés que despertaron las obras sobre la historia actual o reciente de México. En 1987, el Fondo de Cultura Económica tuvo un éxito enorme con la publicación de la serie Biografía del Poder, en la cual el historiador Enrique Krauze describió la vida y las aspiraciones íntimas de los personajes más importantes de la Revolución mexicana. También se leyó con gran interés la novela de Héctor Aguilar Camín Morir en el Golfo, en la cual se planteaban críticamente algunos aspectos de la sociedad mexicana contemporánea. Varios de los libros de mayor venta durante 1988 fueron la novela Noticias del Imperio, cuyo autor, Fernando del Paso, evocaba la época de Maximiliano y Carlota; el libro de Carlos Monsiváis Entrada libre, que analizaba los recientes movimientos de la sociedad civil Historia en voz alta de la UNAM, de Gastón García Cantú, Diluvio de Mauricio González de la Garza y Compromisos de Porfirio Muñoz Ledo, todos ellos análisis sobre la coyuntura actual de la educación, la edad y la política del país.

Así, en todos los ámbitos del quehacer cultural del país se percibía una búsqueda muy importante de la creatividad de los mexicanos. Esta preocupación se convirtió en un objetivo del Programa Cultural de las Fronteras, desarrollado desde el inicio del sexenio, el cual promovía la actividad artística y cultural en zonas fronterizas del sur y del norte, consideradas críticas por estar expuestas a una continua invasión de manifestaciones culturales de los países vecinos. Por medio de cursos, talleres simposios, conferencias, concursos, festivales y programas de radio y de televisión se estimuló la creatividad de las comunidades fronterizas, para que descubrieran su propia capacidad artística y para que protegieran y fortalecieran su patrimonio cultural. Durante 1987 se llevaron cabo 10 130 acciones en este programa y en 1988 se pretendía superar esta cifra, efectuando 12 632 actividades. (Véase el cuadro 51 y los apartados "Política cultural" en el primero y el tercer volúmenes y "Avances en materia de educación y cultura" en el quinto volumen de esta serie.)

Cuadro 51
Evolución del Programa Cultural de las Fronteras
Acciones realizadas198319841985198619871988¹
Total 86 778 1 929 2 697 10 130 12 632
Formación, capacitación y actualización
de recursos humanos para la cultura: cursos, seminarios y talleres
 
10
 
71
 
356
 
438
 
1 890
 
2 339
Promoción y difusión cultural
Presentaciones artísticas²
Certámenes
Exposiciones
Conferencias
Ediciones
 
52
4
6
2
 
480
28
47
10
40
 
1 224
54
85
17
29
 
1 272
56
206
76
80
 
3 841
156
407
341
166
 
5 182
184
458
404
120
Vinculación y uso de los medios de
comunicación masiva para la cultura
Programas y campañas de televisión
Programas y campañas de radio
Tiempos oficiales de radio
Tiempos oficiales de televisión
 
 



 
 

32

 
 
14
13

 
 
59
167

 
 
253
1 699
258
 
 
300
1 800
306
257
Investigación cultural
Trabajos realizados
 
1
 
6
 
12
 
32
 
55
 
60
Rescate y presentación del patrimonio
artístico y cultural
Actividades de carácter regional
Programa "Cultura chicana"
 
8
3
 
38
26
 
96
29
 
269
32
10
 
996
43
25
 
1 144
43
35
1. Programado
2. Comprende actividades de música, danza, teatro, cine y difusión.
Fuente: Subsecretaría de Cultura de la SEP.

La conciencia de sí misma que ganó la sociedad mexicana en estos años le mostró ante todo su gran diversidad. La inagotable pluralidad de espectáculos, enfoques y gustos que tuvieron oportunidad de expresarse, de ser vistos y escuchados en estos años, reflejaba, al mismo tiempo, la gran riqueza y complejidad de la sociedad mexicana actual, que lo mismo aspira a ser ciudadana del mundo y a disfrutar del arte universal, que a gozar con los artistas de sus barrios, quienes improvisan algún divertimento.

En las artes plásticas, se sucedieron en forma continua los más variados actos y exposiciones. En agosto de 1988, por ejemplo, se anunciaban en la ciudad de México una muestra escultórica de Kiyoshi Takahashi una exposición fotográfica de Irma Villalobos, la exposición Ando volando bajo, con motivo de los 50 años de Superman, la muestra La magia chamula, en el Palacio de Bellas Artes, una exposición colectiva de más de 60 artistas con el título Cajas, forma de expresión, en la que participaban Feliciano Béjar, José Luis Cuevas, Cristina Bremer y Arnaldo Coen, entre muchos otros, o la exposición permanente del Museo de San Carlos, con pintura europea de los siglos XIV al XIX, para mencionar sólo algunas. En los meses anteriores se habían expuesto muestras del arte de Frida Kahlo y de Remedios Varo, o se habían presentado exposiciones internacionales como la de Borko Laszeski, la de Henry Moore, la de la Gráfica de los '70, la de Maestros del arte abstracto, el Simposio Internacional de Escultura o la muestra de pintura austriaca.

Los amantes de la música pudieron escuchar, durante 1987, a la Sinfónica Nacional, con el maestro Savín a la cabeza, interpretando 25 programas diferentes. Un ciclo completo de conciertos se dedicó a las grandes sinfonías. La Filarmónica de la UNAM realizó temporadas de gran éxito en su sede, la sala Nezahualcóyotl, bajo la batuta del director titular Jorge Velazco y de directores invitados como Lukas Foss. Destacó también el Festival Beethoven, en el que se agotaron las localidades, y una serie de conciertos en homenaje a Gustav Mahler. La Filarmónica de la Ciudad de México y la Orquesta de Cámara de Bellas Artes atrajeron a los melómanos con programas innovadores, en los que se difundieron obras poco conocidas, a la par de las piezas de mayor aceptación.

La ópera se considera un género artístico difícil, por lo que se procuró fomentar el gusto y el conocimiento de este arte, presentando obras que tradicionalmente han sido las grandes favoritas. En 1983 se montaron 12 obras tales como Aída, La flauta mágica o Hansel y Gretel, en los que participaron artistas de la talla de Arwilda Berdejo, Arnold Voketaitis o Myrna Bismark. En los años siguientes se procuró mantener temporadas de igual atractivo.

Además, México recibió varias veces la visita de populares cantantes extranjeros, como los destacados exponentes de la nueva trova cubana Silvio Rodríguez y Amaury Pérez, cuya poesía y canto emocionaban a los jóvenes que atestaban los auditorios donde se presentaban. Se vieron conjuntos dancísticos de prestigio internacional, como el Grupo de Movimiento Moderno Margolín de Israel, el Ballet Nacional de Cuba, la Compañía de Danza de Estados Unidos José Limón, y Heura, grupo de danza contemporánea de España.

En el mes de junio de 1988, el estado de Quintana Roo fue escenario del Festival Internacional de Cultura del Caribe, en el cual participaron delegaciones de 15 países de la cuenca del Caribe, que compartieron, junto con los mexicanos, las muestras de su arte y sus tradiciones. En la inauguración del acto, el gobernador de Quintana Roo, Miguel Borge Martín, resaltó que este festival constituía un ejemplo de hermandad que debía reproducirse y consolidarse, pues en un mundo cada vez más interdependiente eran necesarias más cooperación, menos egoísmos, más solidaridad y menos intransigencia entre los países.

El Festival Internacional Cervantino, que se organiza desde 1972 en la bella ciudad de Guanajuato, se ha convertido ya en una verdadera tradición, que rebasa los alcances de su ciudad sede. La calidad de los espectáculos que se presentan año tras año en este festival ha creado tal fama que los servicios turísticos de Guanajuato ya no se dan abasto para atender a los turistas mexicanos y extranjeros, que cada ocasión desde tiempo antes se disputan los boletos para asistir. Así, el Cervantino extendió su cobertura y se convirtió en un festival itinerante: los espectáculos se presentan sucesivamente en múltiples, ciudades. En 1988, el Cervantino llegó a un total de 40 ciudades en 27 estados y al DF, además de Guanajuato.

De manera paralela al Festival Internacional Cervantino, han surgido o se han ampliado las fiestas regionales organizadas en otras entidades, como el Festival de la Primavera en San Luis Potosí y en Sonora, el Festival de la Universidad de Xalapa, el Festival de Teatro de Monterrey, las fiestas de Consolidación de Tabasco, y la Guelaguetza en Oaxaca, en donde se exponen pinturas, se presentan grupos musicales, obras de teatro y otras actividades culturales.

La diversidad de las actividades artísticas también se refleja en la forma como se patrocinan los actos artísticos. La promoción y difusión de las artes es una tarea asignada primordialmente al INBA, que tiene a su cargo numerosos teatros, escuelas de arte y grupos artísticos, sobre todo en el Distrito Federal. Sin embargo, otras instituciones públicas tienen también una gran presencia en el ámbito cultural, principalmente los gobiernos estatales y el DDF, así como las universidades y otros organismos públicos como el ISSSTE, el IMSS y el Crea.

Al lado de los museos y organismos a cargo del sector público, hay también un número creciente de galerías e instituciones de promoción cultural que son manejadas por particulares, y cuyo funcionamiento no depende, necesariamente, de su éxito económico. Como ejemplos de este tipo se pueden citar el Centro de Estudios de Historia de México, de Condumex; el Museo de Monterrey, auspiciado por la Cervecería Cuauhtémoc; el nuevo Centro de Arte Contemporáneo, en el cual la Fundación Cultural Televisa continuó la labor iniciada en el Museo Tamayo, o la Fundación Cultural Domecq. Los críticos de arte y los propios artistas señalan que la multiplicación de instituciones de este tipo puede enriquecer la actividad cultural del país, ya que tienen recursos que no siempre poseen las instituciones oficiales.

A la vez, todos estos organismos desarrollaron una colaboración muy estrecha, que les permitió aprovechar al máximo los recursos disponibles y mantener la intensa actividad cultural que hubo en estos años. Ejemplo de ello eran el Taller Coreográfico de la UNAM y el Museo Estudio Diego Rivera, que subsistían gracias al apoyo de patronatos, así como el Festival Internacional Cervantino o el Festival del Centro Histórico de la Ciudad de México, que se celebra desde 1984 en el mes de marzo. Estos últimos festejos eran subsidiados lo mismo por compañías transnacionales que por casas de bolsa. Otro caso de cooperación multisectorial fue el Museo Franz Mayer, que pudo inaugurarse en 1987, luego de que el Estado rehabilitó el antiguo Hospital de San Juan de Dios, en la ciudad de México y lo puso a disposición del Fideicomiso Franz Mayer, encargado de administrar la herencia de este extraordinario coleccionista. Por otro lado, en este sexenio hubo una importante producción de arte independiente, frecuentemente identificado con la denuncia o el rechazo a la política cultural "oficial" o "convencional". Agrupaciones como el Comité Mexicano de la Nueva Canción, la Fundación Mexicana de Cineastas, organizaciones de colonos y grupos urbanos como Tepito Arte Acá o la Unión de Vecinos y Damnificados 19 de Septiembre ofrecían talleres, cursos, conferencias y exposiciones. Grupos de danza como Barro Rojo y el Desmovilizado Andamio, conjuntos musicales como Salario Mínimo Raza de Bronce, Maldita Vecindad y Los Hijos del Quinto Patio, Los Llaneritos y Los Nakos tenían un público admirador considerable. También había organizaciones independientes dedicadas a la enseñanza del arte, como la Escuela de Cultura Popular Revolucionaria Mártires del 68 fundada por el Centro Libre de Expresión Teatral y Artística y el Taller de Arte e Ideología, inaugurado en enero de 1988 en la Sala de Arte Pública - Siqueiros, así como el Taller de Gráfica Monumental.

La creación de grupos independientes se acentúo en el movimiento del nuevo rock mexicano, género musical en el cual estaban surgiendo diversos compositores que hablaban de la problemática mexicana y que imponían sus propios textos y formas musicales. El más conocido de estos conjuntos era El Tri, pionero de la composición en español y voz irreverente que denunciaba el abuso de autoridad, la devaluación del peso, los problemas urbanos o la explosión de las gaseras de San Juanico. Los conciertos de rock celebrados ya fuera en auditorios, estadios deportivos, calles o jardines, daba lugar a verdaderos tumultos de jóvenes, especialmente de los sectores populares, que se desbordaban en manifestaciones de euforia y éxtasis colectivo.


Púrpura, compañía independiente de danza

Otra parte importante de la cultura del México actual eran las manifestaciones de aficionados, que comenzaron a verse con gran regularidad en las plazas públicas y alamedas, donde familias enteras concurrían los sábados y los domingos para festejar la actuación de un mago, un mimo, un payaso o un grupo musical. Otros lugares estaban acaparados por dibujantes o pintores, quienes se dejaban rodear de curiosos que observaban cómo manejaban el pincel. También eran frecuentes los talleres literarios en los que se discutía la obra de autores importantes, o se enseñaban técnicas para escribir cuento, novela o poesía, en los que cualquier interesado podía participar. Mención especial merecía el llamado Teatro Campesino, cuya directora, María Alicia Martínez, tuvo el mérito de presentar obras de gran calidad, como Bodas de sangre de García Lorca, con un elenco de cerca de 130 campesinos provenientes de Tabasco, quienes recorrieron no sólo varios estados y la capital del país, sino incluso naciones europeas.

El enorme pluralismo cultural que se vivió en estos años reflejaba- y a la vez reafirmaba- el ambiente de libertad en el que se desarrolló la expresión artística en todo momento. El respeto que se le debía a la creación y a la crítica era un valor entendido tanto por parte del gobierno como por parte de la sociedad, a tal grado que cuando hubo incidentes que lo pusieron en tela de juicio la reacción no se hizo esperar, generando un intenso debate en los círculos artísticos y en la opinión pública en general.

El primero de ellos surgió a raíz de la exposición titulada Espacios alternativos en el Museo de Arte Moderno (MAM) de la ciudad de México, en la cual se presentaba la obra de nuevos artistas mexicanos. Uno de ellos, Rolando de la Rosa, expuso una serie de pinturas sumamente burlonas y cáusticas sobre motivos religiosos y patrios; así, por ejemplo, en un cuadro se presentaba a la Virgen de Guadalupe con la cara sensual de Marilyn Monroe y los senos descubiertos; en otro se mostraba la bandera mexicana pisoteada por dos botas tejanas. Estas obras ofendieron profundamente a varios asistentes, pero sobre todo a espectadores católicos, y una organización extremista de esta afiliación, el grupo Provida, - originalmente unido en torno a la lucha contra el aborto-, protestó de diversas formas. Después de más de un mes de exposición, el 23 de enero de 1988, cerca de 3 000 personas invadieron el museo exigiendo que se retirara la obra de Rolando de la Rosa y que el artista fuera procesado legalmente por el delito que había cometido al exhibirla. La ira de los manifestantes llegó a tal grado que pedían también la renuncia del subsecretario de Cultura de la SEP, Martín Reyes Vayssade, y del director del MAM, Jorge Alberto Manrique. Al salir del museo lanzaron una amenaza contra otro acto cultural, la obra de teatro Concilio de amor, y un día después consiguieron que se cerrara la exposición de Gustavo Monroy, en la Galería del Auditorio Nacional, que también exhibía muestras independientes sobre motivos religiosos. La exposición del MAM se cerró por tres días y posteriormente fue reabierta. A propuesta de De la Rosa, se eliminaron las obras que habían provocado la mayor irritación.

La actuación de este grupo religioso desató una polémica que se extendió a lo largo de dos meses. Partidos políticos, voceros religiosos, la Comisión Permanente del Congreso de la Unión y numerosos artistas e intelectuales se pronunciaron sobre el problema. Con excepción de los voceros religiosos, casi todos los demás sectores defendían el derecho a la libertad de expresión. No obstante, el 20 de febrero, en una escueta nota periodística se informó de la renuncia de Jorge Alberto Manrique. Por el mismo conducto, el ahora ex director del MAM señaló que su dimisión no era voluntaria, mientras que las autoridades del INBA y de la SEP no dieron mayores explicaciones, por lo cual el alud de críticas aumentó. Las sorpresas no acabaron ahí, pues la culminación de este inusitado movimiento social se dio el domingo 22 de febrero, cuando el grupo Provida, acompañado de otras organizaciones religiosas, de sinarquistas, de padres de familia y de numerosos católicos que acudieron en forma individual emprendió el llamado Acto de desagravio de la bandera nacional y de la Virgen de Guadalupe. Familias de toda condición social se dieron cita en el Zócalo capitalino, para realizar de ahí una peregrinación a la Basílica de Guadalupe. La policía informó que hubo alrededor de 20 000 manifestantes, en tanto que los organizadores aseguraron que fueron 100 000. Además de denunciar nuevamente la obra de Rolando de la Rosa, los manifestantes corearon demandas contra el aborto, la homosexualidad e incluso contra el Pacto de Solidaridad Económica, ya que decían que la suya era "una lucha en favor de la dignidad elemental del hombre, en favor a la patria y de los pobres, los preferidos de Dios".

Todavía la opinión pública seguía ocupándose de estos sucesos cuando hubo otro incidente que levantó airadas protestas. El 26 de mayo las autoridades del INBA informaron que se cancelaba la obra teatral de Vicente Leñero Nadie sabe nada, que recientemente se había estrenado en un teatro capitalino; además, pedían la renuncia del director de la obra, Luis de Tavira, a sus labores en el INBA. El comunicado oficial señalaba que el nivel de la puesta en escena dejaba mucho qué desear, que la obra había sido montada apresuradamente en vista de que su director tenía compromisos en el extranjero, y que se hacían alusiones de dudoso gusto a instituciones y a personas que merecían respeto y consideración.


"Acto de desagravio" en honor a la bandera nacional y la Virgen de Guadalupe, organizado por el grupo Provida, 22 de febrero de 1988

La decisión de cancelar la obra causó la indignación de la comunidad artística, que se manifestó en contra de múltiples maneras. Por su parte, el dramaturgo Vicente Leñero explicó que la pieza se ocupaba de la relación prensapoder y admitió que se hacía referencia a gobernadores corruptos que practicaban el "embute" y a periodistas que lo recibían, pero aclaró que la obra no se situaba en el tiempo y que no se hacía alusión a alguna persona en particular. En su opinión, lo que se decía en ella era bien conocido por toda la sociedad. A su vez Luis de Tavira repuso que la puesta en escena sí tenía calidad y que no sólo estaba a la altura de otras representaciones, sino que incluso presentaba grandes progresos respecto de aquéllas. Argumentó que era un acto irresponsable censurar un proyecto para el cual ya se habían aprobado 50 millones de pesos, y de los cuales ya se habían invertido 48. Manifestó que estaba de acuerdo en modificar aquello que pudiera molestar a algunas personas, siempre y cuando no se afectara el contenido de la pieza y puntualizó que la censura no era negociable. Agregó que lo más grave era que el INBA se autocensurara.

El 30 de mayo, después de que Tavira y Leñero se entrevistaron a lo largo de una hora con el director del INBA, Manuel de la Cera, anunciaron la reapertura de la obra para gran alegría de toda la compañía de teatro y de la gente que había estado pendiente del asunto. Informaron que habían acordado modificar algunos puntos "espinosos" y cambiar en algunos aspectos a personajes que se podían confundir con funcionarios públicos, para evitar que éstos resultaran perjudicados. Este desenlace apaciguó considerablemente los ánimos de la opinión pública, la cual constató que, finalmente, había triunfado la libertad de expresión.

Desde que inició su campaña política, Miguel de la Madrid expresó su convicción de que, junto a la tarea de defender, afirmar y enriquecer nuestra identidad cultural, se debía emprender otra, no menos importante: ampliar la participación democrática de los grupos, de las comunidades y de los individuos que componen la sociedad mexicana en el conocimiento, la creación y el disfrute de nuestra cultura. En la Reunión Nacional de Consulta sobre Cultura Nacional que se efectuó en Tijuana, Baja California, en noviembre de 1981, el entonces candidato afirmó: "No solamente debemos respetar la libertad de creación, sino luchar por extenderla a quienes hasta ahora no han podido ejercerla o disfrutarla por la falta de medios materiales y oportunidades de educación". Subrayó que la libertad no podía ser la bandera de grupos sociales privilegiados que la reclamaban para sí mismos y la negaban para los demás.

También aclaró que la rectoría del Estado en materia cultural era imprescindible, no para establecer un "dirigismo cultural", a todas luces indeseable, sino para evitar que grupos minoritarios actuaran en exclusividad imponiendo valores y pautas que atentaran contra la nación o contra sectores particulares de ella.

Durante los años siguientes, bajo el gobierno de Miguel de la Madrid, la democratización de la cultura se convirtió, efectivamente, en otro eje fundamental de la vida del país. Numerosos proyectos se idearon y ejecutaron con la intención de mejorar la distribución, el acceso y la participación en la producción cultural e intelectual de todos los sectores de la sociedad mexicana. El más notable, en cuanto a sus alcances y sus resultados concretos, fue el Programa Nacional de Bibliotecas, que se planteó metas muy ambiciosas e incluso las cumplió anticipadamente. Para finales de sexenio, los 2 025 municipios del país contaban con una escuela secundaria y por cada 30 000 habitantes se tenía ya por lo menos una biblioteca. Tan sólo durante 1988 se abrieron 414 nuevas bibliotecas, cifra superior a todas las que existían antes de 1983. Se esperaba que al finalizar el gobierno del presidente De la Madrid estarían en operación 2 082 bibliotecas, y que se intensificaría su uso, que ya era muy importante: durante 1987 se registraron 35 millones de consultas en todas las bibliotecas del país. Por todo lo anterior, para el mes de noviembre de 1988, en la Plaza de la Ciudadela, en la ciudad de México, estaba prevista la inauguración del Centro Bibliotecario Nacional, que sería el acervo principal que permitiría a todas las bibliotecas municipales tener acceso a cualquier obra catalogada que no estuviera en su poder.

Esta labor de apertura o de adecuación de bibliotecas requirió un esfuerzo editorial sin precedentes, así como un arduo trabajo de clasificación e instalación física en lugares que, muchas veces, no contaban con un mínimo de infraestructura. Sin embargo, todas estas labores se compensaron al observar cómo en los pequeños municipios, la biblioteca cambiaba la vida de la comunidad, pues surgían opciones nuevas como el ensayo de una obra de teatro, incluida en el acervo, o el conocimiento de nuevas formas de sembrar la tierra o de cuidar el ganado. (Véase el apartado "Avances en materia de educación y cultura" en el quinto volumen de esta serie.)


En la actividad editorial también se efectuaron grandes esfuerzos para incrementar el acceso de las mayorías a la riqueza del arte universal y mexicano. A pesar de los elevados costos de la producción de libros -sobre todo, de la maquinaria y las refacciones para las imprentas, pero también del papel- el gobierno promovió programas editoriales muy amplios. La SEP editó más de 1 200 nuevos títulos, cuyo tiraje superó los 26 millones de ejemplares; más de 131 millones de suplementos y alrededor de 15 millones de folletos. Lo anterior incluyó la continuación de colecciones que ya estaban en circulación y la creación de otras. Fue ampliamente conocida la colección Lecturas Mexicanas, con más de 200 títulos. En diversas ocasiones se impulsaron coediciones con empresas editoriales privadas como Siglo XXI, Era, Salvat y Trillas, lo cual permitió ofrecer al lector obras de excelente calidad a los precios más bajos posibles. Gracias a este mecanismo se pudo emprender, por ejemplo, la redición de colecciones tan importantes como la Enciclopedia de México, el Atlas de México y los Clásicos de Vasconcelos. Por su parte, el Fondo de Cultura Económica, que recibía un importante respaldo presupuestario por parte del gobierno -de 50% en 1987, y de 30% en 1988- editó cerca de 600 obras al año con un tiraje de alrededor de cuatro millones de ejemplares.

Como complemento a la labor editorial, se diseñaron campañas de promoción de la lectura, se abrieron foros para tal fin, como la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil, y se instalaron alrededor de 1 500 "rincones de lectura" en las escuelas, tan sólo entre 1986 y 1987. El Correo del Libro, que es una red de expendios en donde se pueden adquirir las publicaciones de la SEP, se amplió hasta lograr una cobertura nacional. En el país operaban 10 centros regionales que coordinaban 293 unidades de venta. Además el 20 de abril se inauguró la Biblioteca del Acervo Editorial de la SEP, en la cual se reunió lo más representativo de la producción editorial de esta dependencia, de 1921 hasta 1988: 8 000 de los 18 000 títulos publicados se podían localizar en esta biblioteca.

Por otro lado, en este sexenio se procuró rescatar las culturas populares y apoyar sus posibilidades de expresión, reconociendo el carácter creador de numerosos grupos sociales y la diversidad de culturas que subsisten en nuestro país. El Estado intensificó las tareas de investigación, conservación y difusión del patrimonio cultural, entendido no sólo como el acervo monumental, artístico, arqueológico e histórico del país, sino también las lenguas, los valores, las tradiciones las costumbres las artesanías y, en general, las expresiones propias de la cultura mexicana.

La Dirección General de Culturas Populares de la SEP era la principal dependencia estatal que trabajaba con grupos étnicos mediante las Unidades Regionales. Durante el actual gobierno, estas unidades casi se triplicaron, al pasar de seis a 17. Además existían 76 centros culturales comunitarios distribuidos en todas las regiones del país. Gracias a estos grupos de trabajo, en 1988 se habían realizado 96 investigaciones y 88 actividades de capacitación, y en 300 municipios se habían impartido talleres de danza, música y construcción de instrumentos, atendiendo en total a 25 grupos étnicos, rurales y urbanos.

La dirección se responsabilizaba también de la atención del Museo Nacional de Culturas Populares, ubicado en el centro de Coyoacán de la ciudad de México, que montaba exposiciones dedicadas a plasmar las formas de vida de diversos sectores de nuestra sociedad y a rescatar sus tradiciones, su vestimenta, su manera de trabajar, de ocupar su tiempo libre, o de por ejemplo, concebir la muerte. Así, los capitalinos pudieron enterarse de cuáles eran las condiciones de vida y de trabajo de los pescadores; cómo eran sus viviendas, sus embarcaciones, sus mitos y creencias. En otras ocasiones se podía escuchar el ruido de una fábrica, observar una cantina o un sindicato de trabajadores, o acercarse a la vida de la gente que trabajaba en los circos. Otras exposiciones trataron la trayectoria de la historieta o sobre tradiciones como las ofrendas del Día de Muertos, o simplemente el arte de la panadería en México, que produce las conchas, cuernos, cocoles, chilindrinas y tantos otros panes que son la delicia de los mexicanos. Este tipo de exposiciones también se efectuaba en algunas entidades federativas. En 1983 se ofrecieron cuatro exposiciones, en 1987 fueron 20, y en 1988 se esperaba poder montar 12.


Plantón de estudiantes del INBA, frente al Palacio de Bellas Artes, 26 de febrero de 1988

El Fondo Nacional para el Fomento de las Artesanías (Fonart) era, desde 1978, un eficaz instrumento del gobierno para proteger y promover al artesano y sus productos. Los bordados, la cerámica, la cestería, los tallados y tantas otras artesanías características de las distintas regiones del país tenían una fuerte demanda, no sólo en el país sino también en el exterior, por su gran belleza y costo accesible. En vista del surgimiento de muchos intermediarios que obtenían considerables ganancias a costa de los artesanos, se creó este organismo público que procuraba darles mayores ventajas y seguridades. Se puso especial atención en la organización de los artesanos, respetando las formas de trabajo de cada comunidad; también se impulsaron talleres para rescatar técnicas y tradiciones que estaban cayendo en desuso. Además, se otorgaban créditos a los artesanos, se les compraba su producción y se vendía esta última en las tiendas del Fonart. Durante 1988, este organismo invirtió 2 500 millones de pesos, y se esperaba que la venta global alcanzaría los 5 000 millones; con las ganancias se pensaba ampliar las operaciones y los créditos a los artesanos.

La democratización de la cultura también implicaba la enseñanza del arte. El INBA mantuvo un amplio programa de actividades que abarcaron todos los niveles de instrucción artística; cada año, 700 000 alumnos que cursaban la primaria y la secundaria en escuelas federales recibieron cursos de apreciación artística. En cuatro escuelas especializadas de iniciación artística se atendió a 5 000 niños y jóvenes, quienes aprendieron los fundamentos de la música, la danza, el teatro o las artes plásticas. En el nivel de enseñanza media existía una vocacional de arte y la secundaria y el bachillerato artísticos, cuyos programas fueron cursados por 800 alumnos, en promedio, al año. Finalmente, el INBA manejaba diez escuelas de educación superior, que daban cabida a 5 000 estudiantes y que ofrecían licenciaturas en música, danza, artes plásticas y teatro.

Al término del sexenio, podía afirmarse que el régimen de Miguel de la Madrid había traducido a la práctica, en la política cultural, los ideales que el propio Presidente postulaba para la cultura política mexicana: " ... la libertad, la democracia, la justicia social y el federalismo, todo ello en ponderado equilibrio entre el nacionalismo y el internacionalismo..." La capacidad de reflexión y de análisis de los mexicanos se ejercitó ampliamente en este tiempo, dando muestras de un vigor considerable que permitía encarar, con herramientas muy importantes, los complejos problemas que aún aguardaban una solución en otros sectores de la vida nacional.

 
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